Aproximadamente un 4% de la población padece Fibromialgia. Se considera –según las fuentes– un reumatismo de las partes blandas, clasificado con el código CIE10 M79.7, o enfermedad del sistema nervioso central.

En 1990, el American College of Rheumatology (ACR) publicó los criterios de clasificación, basados en un examen de puntos dolorosos, que requerían la evaluación por especialistas. Era requisito la presencia de dolor crónico (más de 3 meses) generalizado (en al menos 3 de los 4 cuadrantes corporales), junto al menos 11 de 18 puntos dolorosos específicos.

En los años siguientes, se plantearon objeciones a dichos criterios de clasificación porque, en la práctica, el diagnóstico de FM se basaba fundamentalmente en la sintomatología referida por los pacientes. A pesar de que los síntomas de la FM (fatiga, sueño no reparador, trastornos cognitivos…) no fueron considerados por el ACR en 1990, últimamente se ha jerarquizado su importancia.

Desde entonces, la FM ha dejado de considerarse una enfermedad músculo-esquelética. Hoy en día hay un reconocimiento cada vez mayor de la sensibilización central del dolor como la base neurobiológica subyacente que explica la mayoría de los síntomas sistémicos.

Los nuevos criterios diagnósticos de FM propuestos en el año 2010 consisten en un Índice de dolor generalizado y una escala de gravedad de síntomas. Según la literatura, este nuevo método se basa principalmente en la información aportada por los pacientes, no requiere de examen físico ni necesita un entrenamiento especializado del observador. Por todo esto, encaja bien en el campo de la Atención Primaria.

La mayoría de médicos acepta que la FM va acompañada de una combinación de síntomas adicionales como alteración del sueño, fatiga y ansiedad, además de otras manifestaciones clínicas como depresión, síntomas gastrointestinales y dolores de cabeza. Es típico que los pacientes tengan dolor crónico y otros síntomas somáticos, pero sin aparente daño o inflamación en tejidos. Por otra parte, esta enfermedad a menudo va asociada al Síndrome de Fatiga Crónica, Síndrome del Colon o de Vejiga Irritable y al Desorden Temporomandibular.

Actualmente no se dispone de un tratamiento curativo para la fibromialgia. Hoy en día, el objetivo es aliviar los síntomas. El paciente ha de convivir con su enfermedad. Hay que tener en cuenta que la severidad de la sintomatología varía de una persona a otra. El curso de la FM es imprevisible y suele presentar periodos de relativa remisión alternados con brotes. Por tanto, el control de dolor es primordial. Es recomendable el ejercicio moderado. En la mayoría de los afectados la enfermedad puede manejarse satisfactoriamente, pero en algunos casos llega a ser invalidante.

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